Un día te das cuenta
Transitas por la vida y te das cuenta que sumas personas a tu vida que al final de los días te llegan, cariñosamente, al pincho. ¿Por qué tomas los martes? ¿Qué le ves a un porro? ¿Y ese corte? Hola. Me llega al pincho tus interrogantes. Tu noción de la vida rutinaria de trabajo, estudio y posterior muerte me cosquillea el glande. Literal. Los estatutos y normas también te deben estar rozando un cuarto de teta. Sé que me entiendes. ¿Por qué te teñiste de ese color tu cabello? ¿Por qué te lo cortaste? ¿Por qué todo de negro? No lo van a entender. No puedes destilar neuronas para ese target. Simplemente es colgar todo lo recepcionado en la habitación de “cosas que no tengo que hace nunca en mi fukin vida”. Y punto. Ser feliz, con azúcar, pero feliz a su maldito modo.